Javier Echeverría

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(Pamplona, 1948). Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y en Letras y Ciencias Humanas por la Universidad Paris I-Sorbonne.  Catedrático en excedencia de la Universidad del País Vasco y del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Premio Anagrama de Ensayo 1995, Premio Euskadi de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales 1997, Premio Nacional de Ensayo 2000. Actualmente es Vicepresidente de Jakiunde, Academia de Ciencias, Artes y Letras.

«Emociones colectivas: de los himnos a las músicas de fondo»

La música es capaz de suscitar emociones colectivas e individuales.
Mientras suena, genera sujetos colectivos en escenarios diversos: salas de conciertos, iglesias, campos de batalla, plazas de pueblo, music-halls. Se evocarán emociones colectivas suscitadas por músicas sagradas, profanas, militares y festivas. Los himnos son ejemplos canónicos. Suscitan emociones positivas y negativas, muy intensas. Al compás de la música se han hecho maravillas y barbaridades. La noción de música contemporánea es problemática. Hay una profunda crisis de la contemporaneidad. La digitalización de músicas de diversas épocas y culturas permite secuenciar, mezclar y contraponer secuencias musicales heterogéneas: tecno híbridas. Es un gran desafío para los correspondientes sujetos colectivos. Algunas músicas
publicitarias, por ejemplo, aportan himnos transculturales y trans-subjetivos. Hay músicas concertantes, y también desconcertantes. Si pensamos en la WWW como una sala global de (des)conciertos, constatamos implosión de la contemporaneidad. Estamos en pleno tecno-
barroco.


Pero quedan las músicas de fondo, las que trascienden a la conciencia (individual y colectiva). Incluidas las nuevas músicas cósmicas (ondas gravitacionales), pero también las músicas naturales, cuyo ejemplo canónico, según Leibniz, es el rumor de la marea. Valgan también como ejemplo de músicas naturales concretas los silbidos del viento y el crepitar del fuego, dado que suscitan emociones colectivas intensas en las personas, y también en muchas especies animales.

Puesto que ahora imperan las tecno-músicas, muy diversas y heterogéneas, pero todas ellas instrumentadas algorítmicamente, habrá que tomarse en serio la definición leibniciana de música: «exercitium arithmeticae occultum nescientis se numerare animi», que suele traducirse así: ejercicio matemático del alma que inconscientemente obra calculando (Carta de Leibniz a Goldbach, 1712, en «Philosophische Werke», ed. E. Cassirer, II, Leipzig, p. 132, 1906). Hay emociones colectivas subliminales, generadas por músicas y ruidos de fondo.

Estas propuestas teóricas irán acompañadas por aportaciones tecno-musicales de Duro Vino.