Encuentro

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TECHNÉ.

Tanto la palabra técnica como arte remiten al mismo término griego techné respecto al cual Aristóteles escribe: “Nace la techne cuando de muchas observaciones empíricas surge una noción universal sobre los casos semejantes” (Metafísica 981a, 5).

Los griegos entendían la techné no solo como fabricación material de instrumentos y aparatos, sino como aquello a lo que pertenecía en mayor grado el conocimiento y entendimiento de las causas de los fenómenos. La experiencia sería conocimiento de lo singular, mientras que la techné lo sería de lo universal. Por ello (señala asimismo Aristóteles) consideraban más sabios a los que poseían la techné que a los que simplemente poseían la experiencia de los casos individuales. Estos saben el qué, aquellos el porqué. El conocimiento del porqué es aquello que puede ser enseñado de manera universal y es así que la techne es más ciencia que la experiencia.

Consecuentemente, la música constituye una modalidad de techné porque en ella se muestra un conocimiento universal acerca de las relaciones entre los sonidos y las causas de la armonía: “¿No es el músico el que posee la techné de saber los sonidos que se pueden combinar y los que no, y el ignorante de la música el que no entiende de esto?” (Platón. El Sofista 253a, 15b) La techné tiene una importancia básica en el desarrollo de la música instrumental no sólo porque ésta necesita de una fabricación (técnica) de instrumentos, sino porque la ciencia musical, tan floreciente desde Pitágoras hasta los compositores contemporáneos, se tiene que complementar con una técnica interpretativa que aparece ya desde el momento que a la música vocal se une la instrumental.

Sin embargo, en esencia, puede concebirse la techné sin la existencia de una tecnología (aplicación de la techné en la construcción de instrumentos). Así en el canto, la techné no es el arte de fabricar instrumentos sino el conocimiento de aquellas reglas que universalmente producen (salvo accidente) una mejora sustancial en las prestaciones del cantante. Pero incluso en el caso de la música instrumental, la techné sería aquella modalidad de previsión de necesidades exclusivamente humanas (no estrictamente biológicas, más bien al contrario, y es por ello que la techné no se da en los animales) que llevan al artesano a construir el instrumento. No hay pianistas porque hay pianos sino que hay pianos porque previamente hay pianistas. Es cierto que, (tomando tan solo uno de los muchísimos ejemplos de la historia de la música instrumental) una aplicación técnica como fue el aumento de cuerdas de la lira por parte de Terpandro, le costó a éste un proceso judicial en Esparta y la exclusión de los juegos olímpicos. El dominio técnico ya se consideraba peligroso cinco siglos antes de Cristo.

Desde mitad del siglo XX, la música electroacústica y la aplicación del ordenador han hecho aparentemente a la música un arte muy condicionado por la tecnología. Se habla de las máquinas que sirven para hacer música muchas veces sin caer en cuanta que lo único que cambia es la implementación de la máquina electrónica en el mundo anterior de las máquinas mecánicas. Porque la musical instrumental siempre ha actuado con máquinas. Un instrumento musical no es otra cosa que una máquina. El más sutil de los violines Amati o Stradivarius es una máquina todo lo perfecta que se quiera, pero una máquina, y un gran piano de cola es una maquinaria que requiere una amplia y compleja tecnología.

De una manera o de otra, la música ha estado relacionada con la techné y ello se acentúa en nuestra era tecnológica pues afecta no sólo a la producción musical sino también a su comunicación, reproducción y difusión que han cambiado fundamentalmente en el último medio siglo.

En su fabricación y en su transmisión la techne ha afectado a la música de muchas maneras a lo largo del tiempo y ha ido evolucionando en la relación mutua. El estado actual de la cuestión es complejo y variado y es útil reflexionar dónde estamos y conjeturar hacia dónde vamos, podemos ir o queremos ir.