XVII Encuentro M-F

XVII Encuentro M-F: Emoción y música contemporánea

Debido a las circunstancias que estamos viviendo sentimos comunicarles la suspensión del XVII Encuentro Música-Filosofía y de la XXI Semana de la Música de Ronda previstos para los días 7 al 10 de julio de 2020. En principio, nuestra ambición es mantener ambos eventos para el año que viene en fechas similares. Les pedimos disculpas por los posibles inconvenientes que esto les pueda ocasionar y agradecemos su comprensión en estos difíciles momentos.

El Próximo XVII Encuentro de Música-Filosofía, se celebrará durante los días 7, 8, 9 y 10 de Julio en Ronda. Organizado por la Real Maestranza de Caballería de Ronda y el Ontology Congress.

 

La emoción en la música contemporánea

Es ya un cliché o tópico del último siglo considerar a la música contemporánea, al menos la que se ha derivado por evolución o ruptura de la tradición de la música clásica, como una música incapaz de transmitir emoción al oyente. Como todo tópico contiene un elemento notorio de exageración, pero, al mismo tiempo, algo de lo que enuncia puede contener visos de verosimilitud.

Las dos principales razones que se aducen para esta incapacidad son las siguientes:

a) Por un lado, se dice que esta música está hecha sin corazón, que es una música creada más por y para la inteligencia que para el ánimo y el afecto. Como suele normalmente entenderse, aquello que está dirigido o producido por la inteligencia carece de los temblores de la emoción y requiere de un alma fría y objetiva
para su concurso.

b) También se dice que una vez abandonada la tonalidad, la música navega en una suerte de mar indeterminado donde la memoria difícilmente encuentra una isla para su reposo y satisfacción. Si la memoria no puede recordar un pasaje dodecafónico, por ejemplo; si no puede tararear una melodía atonal, ¿cómo se le va poder exigir a la audiencia una fidelidad y un gusto por esa música que no le emociona por no formar parte de su espontaneidad anímica?

A estas dos principales razones pueden sumarse otras de orden social: el público prefiere seguir escuchando la música tradicional tonal que durante siglos ha demostrado su eficacia afectiva. Los promotores artísticos prefieren no arriesgar su capital en producciones de dudosa ganancia material. La comprensión de las reglas que pudieran
facilitar la audiencia y el gusto por la nueva música son realmente complicadas y su introducción en los estudios musicales básicos es, por tanto, inviable, de ahí que la educación en la música contemporánea sea nula, etc.

Evidentemente cabe discutir una por una y globalmente las razones aducidas típicamente, y en ello habría que considerar, por supuesto, el hecho innegable de la existencia de aquellos que se emocionan con la música contemporánea. En efecto, ¿cómo definimos, también, la emoción en relación al puro reconocimiento o no de códigos lingüísticos musicales entres culturas musicales distintas? ¿Se pueden dar las mismas consideraciones de inadecuación entre emoción y reconocimiento de códigos conocidos. O sea: ¿por qué escuchar música de los bardos del Himalaya puede producir la misma distancia que la escucha de Gruppen de Stockhausen dependiendo del oyente y su pertenencia y memoria cultural? Cabe incluso, previamente y de manera más filosófica, preguntarse por la naturaleza de la emoción: ¿es algo que puede entenderse de manera unívoca? ¿Consiste necesariamente la tarea de la música en producir emoción? ¿Acaso no hay modalidades musicales cuya primera función no es la de emocionar sino meramente la de significar, describir o dar a conocer algo, sean los deseos de un dios, sean los anhelos humanos? ¿No puede entenderse la música como una disciplina que trata de desplegar las enormes posibilidades de configuración del terreno sonoro, sea o no “emocionante”?

Por otro lado, hablamos de la música contemporánea y de su falta de arraigo en el gran público como si fuera toda de la misma especie, pero la variedad de músicas que cabe englobar dentro de lo que se llama música contemporánea es abrumadora: desde el jazz al rock, pasando por el blues, por el reggae, por el hip-hop, por el trap (por mencionar una variedad de estilos de la llamada música de masas); sin olvidar los movimientos y prácticas musicales reaccionarios surgidos inmediatamente después del nacimiento del dodecafonismo a comienzos del siglo xx., (como ramas del neoclasicismo, del folklorismo, del minimalismo), o la práctica y evolución de la música electrónica, etc.

El XVII Encuentro Música-Filosofía: “La emoción en la música contemporánea” tratará de ofrecer un “estado de la cuestión” que tendrá en cuenta no solo alguno de los aspectos aquí mencionados sino muchos otros que se abrirán a lo largo del Encuentro a través de los diálogos y debates que el seminario mismo trata de suscitar y provocar.

Gotzon Arrizabalaga.