Este instrumento mío no suena. Algo debe estar roto.

XVII ENCUENTRO MÚSICA-FILOSOFÍA

3, 4 de Julio de 2021

Javier Echeverría · Miguel Retamero

BIO

Javier Echeverría. Pamplona
Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y en Letras y Ciencias Humanas por la Universidad Paris I-Sorbonne.  Catedrático en excedencia de la Universidad del País Vasco y del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Premio Anagrama de Ensayo 1995, Premio Euskadi de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales 1997, Premio Nacional de Ensayo 2000. Actualmente es Vicepresidente de Jakiunde, Academia de Ciencias, Artes y Letras.

Miguel Retamero. Ronda.
Artista plástico y visual, desarrolla su actividad desde el sur de España. Graduado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, cursó cinco años de arquitectura en la ETSAB. Realizó posteriormente una residencia de seis meses en la Metropolitan Manchester University en la especialidad de Interactive Arts. Su obra se ha expuesto en diversas exposiciones colectivas e individuales y ha actuado en directo en lugares como el Espacio Turina de Sevilla, UVA Festival en Ronda, Museo Ruso, Centre Pompidou o TRANSDISCIPLINA en Málaga o el Museo Nacional de Colombia. en Bogotá entre otros. En los últimos años ha creado un particular imaginario visual y simbólico para contrastar y poner de manifiesto las tensiones estéticas y políticas generadas por la colisión entre los sistemas representacionales propios del arte contemporáneo globalizado y las particularidades culturales de la periferia.



ESTE INSTRUMENTO MÍO NO SUENA. ALGO DEBE ESTAR ROTO.

Las artes visuales producidas en directo han estado normalmente subordinadas a la música a la que acompañaban. La lógica de esta dinámica de poder entre estas dos disciplinas se basaba en los distintos grados de desarrollo que existían entre ambas. Mientras la música encuentra en su interpretación en directo su medio natural y los músicos son entrenados desde niños para perfeccionar sus capacidades interpretativas, ni el propio medio técnico que posibilitaba producir y manipular imágenes en directo ni la pericia del artista, que solía aterrizar en este medio artístico, bastante marginal, a una edad ya adulta, le permitían estar a la altura de su compañero a cargo del aspecto musical.

No obstante, desde hace al menos una década, existen software de programación y los ordenadores actuales y sus periféricos son tan potentes que posibilitan, cada vez mas, alcanzar grados de excelencia en esta práctica hasta hace poco impensables. El Arte, esta vez en mayúsculas, ha encontrado un nuevo medio en el que expresarse en el que pueden convivir y dialogar perfectamente tanto la tradición pictórica acumulada durante siglos como desarrollar las propia lógicas internas que este nuevo medio ofrece.

Curiosamente, y a pesar de las naturales diferencias entre la música y las artes visuales, la problemática que afecta a uno y otro medio resultan ser muy parecidas, desde la composición -digamos mejor conceptualización de la pieza, hasta su interpretación o puesta en escena, son comunes con la música en general, y si se acota un poco más, resulta que la música contemporánea y las artes visuales comparten aún mucho más: obsesión por la tecnología, referentes teóricos, el mismo método de composición- programación e idiomática y en ocasiones, hasta el mismo software para elaborar sus piezas. Dos hermanos siameses unidos por el cuerpo, con órganos compartidos, y con la desdicha añadida de ser uno ciego y el otro sordo.

XXI Semana de la Música
Concierto de Miguel Retamero